Que la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo y el amparo amoroso de nuestra Madre del Tepeyac acompañen cada paso de su camino. Soy Laura Fernández y es para mí un honor saludarles y compartir mi perspectiva sobre esta pieza de joyería sacra.
Al contemplar la medalla de la colección ADMETUS, observamos una representación fiel y reverente de la Morenita del Tepeyac. El grabado captura con delicadeza los elementos fundamentales de su advocación: el manto estrellado que simboliza que ella es la Reina del Cielo, y los rayos divinos que emanan detrás de su figura, recordándonos que ella es el reflejo de la luz de Dios. Sus manos unidas en oración son un llamado constante a la humildad y a la intercesión perpetua por nosotros, sus hijos. Es una pieza que no solo adorna, sino que evangeliza a través de su simbología.
Desde mi experiencia profesional en joyería católica, destaco la calidad de la plata de ley 925 esterlina. El uso de un proceso de oxidación es un acierto técnico, pues resalta los relieves del rostro y el manto de la Virgen, otorgándole una profundidad que invita a la meditación. Al ser un material hipoalergénico y libre de metales nocivos, es ideal para el caballero que busca una protección espiritual constante sin comprometer la salud de su piel. La robustez de la cadena de acero inoxidable asegura que esta devoción diaria resista el paso del tiempo y el uso cotidiano.
Mi veredicto es que esta pieza es un testimonio tangible de fe y un regalo lleno de significado para cualquier hombre que desee caminar bajo el manto protector de María. Sin embargo, recuerden que el metal, por noble que sea, alcanza su plenitud cuando se convierte en un sacramental. Por ello, recomiendo encarecidamente llevar esta medalla a su parroquia para recibir la bendición sacerdotal. Solo así, la joya deja de ser un objeto material para convertirse en un signo visible de la gracia divina y un escudo contra las adversidades del mundo.





