Que la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo y el amparo maternal de la Virgen del Tepeyac acompañen cada paso de su camino. Reciban un saludo fraterno y lleno de esperanza de mi parte, Laura Fernández.
Es para mí un honor, como especialista en joyería sacra, presentarles esta pieza de la casa Leslie Boules. Al observar la medalla, lo primero que cautiva es la delicadeza del grabado sobre la nácar, que aporta una luminosidad celestial, evocando la pureza de nuestra Madre. El manto estrellado, representado con precisión, nos recuerda que María es la Reina del Cielo que desciende a la tierra para protegernos. Los rayos divinos que emanan detrás de su figura simbolizan la luz de Dios que la envuelve, mientras que sus manos unidas en oración nos invitan a nosotros, sus hijos, a mantener un diálogo constante y humilde con el Altísimo.
Desde el punto de vista técnico, la calidad de la chapa de oro de 18 quilates es excepcional. El metal posee un brillo reluciente que no solo embellece la pieza, sino que dignifica la imagen sagrada que porta. Al ser un diseño unisex y contar con una cadena de 18 pulgadas, es una joya versátil, ideal tanto para el uso diario como para acompañar los momentos de oración más profundos.
Mi veredicto personal es que esta medalla no es un simple accesorio, sino un sacramental que nos mantiene unidos a la intercesión de la Morenita del Tepeyac. Recomiendo encarecidamente que, una vez adquirida, lleven la pieza a su parroquia para recibir la bendición sacerdotal. Solo a través de la bendición del sacerdote, la joya se convierte en un recordatorio tangible de la presencia divina y en un escudo de fe para quien la porta.





