Que la paz del Señor y el amparo de la Virgen del Tepeyac acompañen cada paso de su camino. Soy Laura Fernández y es para mí un honor saludarles y compartir mi visión sobre esta pieza de profunda devoción.
Al observar este escapulario de Nuestra Señora de Juquila, percibo una sencillez que eleva el espíritu. Aunque la pieza está confeccionada en madera sagrada y cordón devocional, su valor no reside en el precio del material, sino en la carga espiritual que transporta. El grabado captura con reverencia la esencia de la Madre: el manto que nos cobija, adornado con estrellas que nos recuerdan que el cielo está abierto para quien tiene fe, y esos rayos divinos que emanan de su presencia, iluminando las sombras de nuestra existencia. Las manos unidas en oración son un llamado constante a la humildad y a la intercesión perpetua por nosotros, sus hijos.
Desde mi perspectiva profesional en joyería sacra, considero que este escapulario es el regalo ideal para un caballero que inicia o reafirma su camino en la fe, ya sea en el sacramento del Bautizo, la Primera Comunión o la Confirmación. La madera, al ser un material orgánico y cálido, permite que la pieza se sienta cercana al corazón, recordándonos que la fe debe ser vivida con naturalidad y firmeza.
Mi veredicto es de total recomendación. No obstante, deseo recordarles que cualquier objeto de piedad alcanza su plenitud cuando es consagrado. Les sugiero llevar este escapulario a su parroquia para recibir la bendición sacerdotal, transformando así una hermosa pieza de madera en un verdadero signo de protección y un vínculo tangible con la gracia divina.




